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LVV (LoVamosViendo)





Pues tu vas ahora y te mueres ¿qué? Si, si. Chis-pun. Telón.

¿Qué pasa con toda la información que llevas en el teléfono? ¿Quién tiene acceso a ese armario digital? Según dicta la Ley Orgánica 3/2018, aka L.O.P.D. (Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal) si una persona fallece y no ha dejado un Testamento Digital de Explícitos, los activos digitales de esta, se perderán para siempre en la nube - o no. A día de hoy esta sigue siendo una de las leyes con más apéndices y contradicciones de la era digital.

Esta última década, el mundo ha visto un aumento en el uso de las leyes 2.0 para administrar y proteger los activos digitales de una persona. Estas leyes, permiten a los usuarios definir y controlar la propia identidad digital. Sin embargo, hay un lado efímero con el mundo Neolegal Digital, uno que los usuarios no consideran a menudo: ¿Qué sucede con los activos digitales cuando una persona muere?

Antes de la llegada de internet cuando alguien moría, nos sentíamos con la total libertad de entrar en su casa, vaciar cajones, armarios, abrir cajas y cajitas (con y sin cerradura) que custodiaban diferentes posesiones; desde correspondencia fogosa y prohibida a fotografías ajadas entre otros muchos mares de reliquias.

Sin pudor alguno, nos dábamos permiso para sumergirnos en una expedición post-mortem de la vida de esa persona sin ningún tipo de consentimiento, conociendo al fin su alter ego oculto. Todos sus secretos, infidelidades, deseos escondidos, quedaban expuestos a los ojos de P.N.A.D.M.E. (Personas No Autorizadas De Manera Explícita).

Ahora vivimos en el mundo del consentimiento y las leyes de la legítima privacidad, junto con el choque de consumo digital, las personas administramos, acumulamos y compartimos píxeles a cholón, pero también codificamos, ocultamos y eliminamos la información de manera perspicaz intentando no dejar rastro.

Volvamos al inicio, ahora vas tú y chas! The End. ¿Has hecho un Testamento Digital? No, Madre. Las autorizaciones de colisión con el derecho a la intimidad pretérita de este individuo quedan expuestas a una sola ley con 200 apéndices.

La información digital que generamos vive en el presente, un todo nacido para consumir ahora; somos la generación de la posmodernidad líquida que construye infinitos cementerios de bits de la nube de mañana.

¿Qué pasará con tu cuenta de Instagram, Tik Tok, Whatsapp, Spotify, Gmail, tu Galería, tus Notas? ¿Quién será la persona que tenga todo el acceso a tu alter ego, quién tendrá el PIN que todo lo vea? ¿Eh? ¿Eh? ¿Eh?

Pues eso.




Este articulo es parte de The Posttraumatic VOL.5 "Mas de lo Mismo". Puedes conseguirlo aqui. Y suscribirte por aqui.






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