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Vomitar un texto desde la rabia


DANIEL GASOL

LGTBQ+fobia es: creer que por tener amigxs maricas, trans o bollo no eres homófobx. Luchar por nuestra sexualidad sin contemplar cómo la clase social determina la libertad disidente. Convencer al hetero con argumentos para que nos permita existir. Considerar la práctica queer como identidad capitalista. No pensar el armario como dispositivo sociopolítico donde nos empujaron con insultos y vejaciones. No tener intereses colectivos sobre nuestras luchas más allá de las individuales. Hablar y utilizar el término y la práctica queer sin que la disidencia te atraviese. No contemplar una crítica poscolonial y anticapitalista en nuestro discurso transmarikabibollo. Esconder nuestros actos homofóbos para proyectar una imagen políticamente correcta. Construir la historia del movimiento desde el imperialismo yanki de Stonewall. Obviar conflictos sexuales ligados a los derechos humanos. Autoproclamarse lgtbfriendly solo por colgar una bandera gay como instrumento pinkwashing. No gritar a los 4 vientos que te gusta follar con gente de tu mismo género. Considerar inferior a quien es penetradx. Replicar estructuras tradicionales como la familia o el matrimonio para “normalizarnos”. Creer que la disidencia es propia de la juventud. Despreciar a nuestrxs mayores trans, maricas o bollo. No usar la rabia como herramienta o desmantelarla desde la ingenuidad burguesa de la cura, el afecto o la comprensión. Criticar el deseo sexual utilizando la rúbrica hetero de la promiscuidad. Edulcorar nuestra militancia en un vacío ideológico. Creer que la izquierda es inclusiva per sé. No entender que la homofobia es estructural, que no tiene partido ni ideología y que lo atraviesa todo. Utilizar la parafernalia revolucionaria en forma de arcoíris para limpiar conciencias. Creer que manifestaciones y reivindicaciones LGTBQ+ son chistes glamurosos y no actos de amor. Creer que nuestras necesidades son derechos que alguien con poder ha de otorgarnos. Creer que estamos prearadxs para que la sociedad nos acepte mientras el capitalismo heterosexista y dominador fagocita y desactiva nuestros discursos radicales. Privarnos de la vida pública por miedo a las opiniones. Creer que el Estado es nuestro aliado. Espectacularizar nuestro sufrimiento y mercantilizarlo. Que nuestra historia no esté escrita por nuestra comunidad. Olvidar qué somos y cómo somos. Intentar que el mundo hetero no acepte. No follar en espacios públicos. Olvidar nuestros códigos, lenguajes y signos que hemos aprendido para protegernos. No ser disidente y proclamarse como tal porque, al parecer, la heterosexualidad está mal vista. Apropiarse de nuestra cultura. Decidir libremente que se pertenece a la comunidad LGTBIQ+. Realizar extractivismo de nuestras vidas para lucrarse socialmente y/o económicamente. Utilizar lógicas etnográficas para retratarnos en imágenes. Competir en las olimpiadas de la subalternidad. Hablar por una comunidad que no es la tuya. 


No pedir perdón al maricón, bollera o trans después de contribuir que su infancia y adolescencia fuera una mierda. Vernos como a seres normales porque no somos normales ni queremos serlo. No mandar a la mierda a quien te jodió porque te gusta algo que se supone que no debe gustarte.

 

Contribuir a que la familia nuclear sea referente social y meta de vida. Casarte como forma de legitimar tu relación sexoafectiva. Pedir permiso para luchar. Apropiarte de nuestros espacios subalternos creados como espacios de seguridad. Aplaudirnos cuando mostramos afecto en público. Creer que la diferencia sexoafectiva en algo de quita y pon, que se decide y elige cuando se continúan manteniendo relaciones llamadas tradicionales. Creer que la disidencia sexual mola y/o te hace diferente. 




Este articulo es parte de The Posttraumatic VOL.7 "GENOCIDE".

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