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Cursos para aprender a ser buen/a idiota

En la vida aprendemos muchas cosas que no sirven para nada, ni en el ámbito laboral, ni en el de las relaciones humanas.


A lo largo de la vida somos muchas cosas. Unas porque queremos y otras sin quererlo, pero, por fortuna nuestra, siempre y de manera inevitable acabaremos siendo idiotas (aunque pensemos que solo vaya a ser en un momento fugaz). Aquí, quiero poner de relieve la importancia que tiene en la vida cumplir de manera excelente el papel de ser idiota, aprender a diferenciarlos y reconocerse en ellos. Estos conocimientos pueden sentar las bases con las que diseñar un futuro curso (que ojalá acabe comprando las oficinas de empleo) con el que obtener ese estúpido papel que abale tu maestría y conocimientos sobre ser idiota. Así podremos añadir en nuestros currícu- lums un documento oficial, que certifique a la persona que nos contrate que somos el/la idiota que estaba buscando. Opino que el primer paso es aceptarlo; ser conscientes de ello (como cuando tenemos una adicción a algo y queremos luchar contra ella). Una vez hayamos conseguido asimilar que somos y seremos idiotas, toca trabajar en la excelencia de esta materia, para que cuando llegue ese momento, algo lo ilumine y sea- mos capaces de hacerlo de la mejor manera posible. Tipos de gente idiota hay muchísimos, y nuestra misión consiste en analizar y asimilar todas estas características, para que cuando llegue el momento, estemos preparadas. No seremos idiotas repelentes, que aburren y molestan, si no buenas idiotas.


Todo el mundo piensa en ser idiota como un castigo, pero ser idiota puede tener un sinfín de ventajas. ¿Te acuerdas de aquella vez que se te olvidó felicitar a alguien por un éxito logrado? ¿O cuando perdiste aquellos veinte pavos? ¿Recuerdas esa situación en alguna fiesta en la que te preguntabas qué diantres hago aquí, si no soy capaz de comunicarme con nadie? Seguramente que unos autoconocimientos básicos sobre lo idiotas que somos nos hubiese ayudado a superar estas situaciones, cambiarlas o, por lo menos, reírnos de ellas mientras las vivimos y disfrutamos. “Déjale, que es tonto/a”. Tenemos hasta expresiones que demuestran que siendo idiotas en nuestra cultura, obten- dremos algún tipo de exonerabilidad hacia las conductas regladas/obligatorias de la vida, aportándonos un grado de libertad que seguramente ayude a la creatividad en nuestro día a día. Todo esto en la búsqueda activa de ser feliz. Tener la capacidad de hacer el idiota, elimi- na el ridículo. Es tener la capacidad de poder liberar ese pequeño ser que tenemos dentro, que obviamente es consciente de que es idiota, pero no nos lo cuenta y nos da igual. Aún con todas estas ventajas, para mí, la mejor de todas es la felicidad que me apor- ta al enfrentarme al mundo, con las ganas de mejorar, la sorpresa, el reconocimiento de errores, el aprendizaje constante y el poder compartirlo en buenos ambientes.



Este articulo es parte de The Posttraumatic VOL.3 "Mas de lo Mismo".

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