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Love AND Distance

Una historia sobre el amor, la distancia, el aprendizaje, los trenes y los chupetones.



Una vez estuve en Hungría.

Fui de Erasmus.

Si no, por qué iba a ir yo a un país postsoviético del que apenas sabía cuál era su capital, su nombre o ubicarlo en el mapa.


Durante aquel viaje aprendí muchas cosas. Lo primero, que podía adaptarme perfectamente a beber mucho de domingo a jueves y descansar los fines de semana. También descubrí que quedarme en muletas en un pueblo de Hungría mientras tus amigos se van de viaje puede ser la mejor opción. Cuando por fin me pude ir de viaje me encontré con que aún era posible sobornar a un revisor de tren para que te dejé un camarote para ti solo. Lo último que aprendí fue que si te vas a los baños termales adecuados, puedes verle las bolas a todos los viejos de Hungría con la mayor naturalidad del mundo.


Sí, me enamoré, fue bonito y terrible, como casi todos los amores.

Pero lo mejor es que antes de despedirnos hicimos unas plantillas que fuimos colocando por toda la ciudad.

I Like trains

She Likes trains

He likes trains

We like trains

En función de si se trataba de un sitio suyo, mío o de los dos.

Esto lo decidíamos sobre la marcha.


Una vez que ella se fue, decidí hacer una pintada guarra junto al típico sitio que se llena de candados por la movida esa que producen las oxitocinas.

La pintada solo ponía: “Love AND Distance”.

Ahora, más de diez años después de aquellas experiencias y con unos cuantos golpes más, después de haber experimentado el poliamor, la monogamia, la rutina, el caos, la rutina, los cuidados, la mentira, la amabilidad, la distancia, el apego, el abandono, la responsabilidad afectiva o el ghosting, sigo siendo un buen saco de hormonas aprendiendo y desaprendiendo a relacionarme.


Con todo esto, lo único que me atrevo a afirmar con cierta rotundidad es que me siento orgulloso de poder pasar una tarde riéndome muchísimo mientras me llenan la espalda de chupetones. Ya sé que suelen entenderse como una manera de marcar la propiedad o el territorio, pero bueno, 2023, ya ha pasado demasiado tiempo desde aquellos lunes en los que siempre había alguien que llegaba a clase con tremendo hematoma en el cuello. De alguna manera, me parece que encontrar algún rato así y acabar con la espalda hecha un cuadro puede ser más efectivo que todas las teorías afectivas con las que convivimos hoy en día.


Por cierto, me ha dado por meterme en Google Maps a comprobar cómo sigue aquella pintada… Han pintado todo, todo el edificio de blanco, impoluto.

Ya solo quedan los candados de mierda.




Este articulo es parte de The Posttraumatic VOL.6 "It's hard to focus today".

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